Se unen para “desenmascarar” a paristas, pero no se organizan contra las mentiras institucionales

Mediante un texto que circula en redes sociales y en algunos medios informativos con relaciones comerciales con la UAEM, se ha dado a conocer un comunicado que se atribuye a varios profesores de la Facultad de Humanidades, que refieren tener la obligación de desenmascarar a quienes mienten de forma tan descarada.

Aunque proponen varios puntos que invitan a la reflexión, llama la atención el espíritu discrecional para desenmascarar la mentira, pues su gallardía y obligación no se ha organizado ni manifestado de manera similar ante un rectorado ilegítimo en el que no existió el proceso de auscultación cuantitativa en los términos que obliga la legislación universitaria, ni contra las delicadas mentiras que se han exhibido del propio Alfredo Barrera, por ejemplo, en el adeudo al ISSEMyM o el acoso sexual a estudiantes.

Aquí el contenido del supuesto comunicado:

Los profesores abajo firmantes, trabajadores de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México, manifestamos lo siguiente respecto a las evaluaciones del semestre 2020.

Antecedentes

El lunes 24 de febrero de 2020, alrededor de las 8:30 de la mañana, cuando se realizaba la instalación de las mesas de votación para elegir consejeros universitarios representantes de profesores y de alumnos, y de alumnos al Consejo de Gobierno de la Facultad de Humanidades, un grupo de enmascarados, armados con cadenas, irrumpió en el salón de Usos Múltiples “José Blanco Regueira” de la mencionada facultad.

Procurando evitar la violencia y pensando que los inconformes actuaban de buena fe, se acordó aplazar el avance del proceso legal de las elecciones de Consejeros Alumnos de Gobierno, pese a que su pretensión de no sentirse representados por la planilla registrada no tenía fundamento legal, pues esa planilla fue la única que se presentó y ellos nunca intentaron registrar una distinta.

El 5 de junio del presente, se llevó a cabo un encuentro, transmitido en vivo por redes sociales, ahí se evidenció la cerrazón de sus posturas y, sin pudor alguno, presentaron demandas inviables sobre el modo de asentar las calificaciones del actual semestre.

Ese mismo día, los inconformes, con total libertad, como es usual en nuestra Facultad, colocaron en el patio central un “tendedero” para exponer denuncias anónimas sobre acoso sexual, hostigamiento y violencia verbal, tanto de maestros como de alumnos e intendentes. El miércoles 26 de febrero de los corrientes, se inició la toma de la Facultad de Humanidades.

Los protagonistas fueron alumnos de este espacio académico, pero también personas ajenas a quienes conforman la comunidad de esta Facultad, compuesta de estudiantes, profesores y administrativos. Más tarde, nos dimos cuenta de que ese día habían llegado con una decisión ya tomada: apropiarse de la Facultad.

También llevaban decidida la estrategia para ponerla en práctica: la simulación de procesos democráticos. Para ello, se hicieron una serie de reuniones y votaciones sin una convocatoria previa, lo que constituye un requisito indispensable para que este tipo de actos merezca el calificativo de democrático, pues es la única manera de que todas las personas que integran la comunidad involucrada tengan conocimiento de qué se trata y puedan opinar al respecto.

Lo que siguió fue un claro proceso de manipulación por parte de quienes ya habían decidido, arbitrariamente, cuál tenía que ser el resultado de esas reuniones y votaciones. Cambiaron a su antojo los lugares de las reuniones; dieron y quitaron la palabra según les parecía; hicieron una distinción imprecisa entre “paro activo” y “paro técnico” para que ni siquiera se tuviera claridad sobre qué se votaba; ignoraron las votaciones en las que los profesores y los trabajadores se manifestaron masivamente en contra cualquier tipo de paro, etcétera, etcétera.

De esta manera, quienes alegaban la ausencia de principios democráticos en las elecciones que se iban a celebrar dos días antes, dirigían un proceso electoral mucho menos democrático que aquél. Al final de la tarde de ese 26 de febrero de 2020, cerraron, con cadenas, mallas metálicas y candados, que ya tenían preparados para tal efecto, todos los accesos de la Facultad de Humanidades.

Por fin, habían conseguido su propósito: el control absoluto de ese espacio público. Desde entonces, un pequeño grupo de personas (estudiantes, pero también individuos ajenos a la comunidad de la Facultad) decide quién entra y quién sale del espacio del que, indebidamente, se han apropiado, y para ello hacen gala, incluso, de métodos contrarios a la dignidad humana, como marcar con un sello de tinta las muñecas de las pocas personas cuya entrada permiten.

Por supuesto, no les importa que su número, siempre minoritario, se haya reducido con el tiempo, como lo muestra la más reciente reunión llevada a cabo con ellos, celebrada el 5 de junio y a la que nos referimos más adelante, pues en ella solo estuvieron presentes, además de las autoridades, siete personas.

Desde entonces, esas pocas personas han impedido que la comunidad de la Facultad de Humanidades pueda desempeñar, en el espacio público que se construyó para tal efecto, las funciones que tiene obligación de realizar. Se pone así de manifiesto la despreocupación de tales individuos por la debida utilización de los recursos que el pueblo mexicano invierte en la educación pública.

Hasta la fecha, de nada han servido las juntas que han tenido con el Director de la Facultad, Dr. Fernando Díaz Ortega, quien ha estado en permanente comunicación con ellos y ha atendido todos sus llamados para ocuparse de las demandas contenidas en un pliego petitorio que presentaron 24 días después de tomar las instalaciones y que redactaron con la suficiente ambigüedad para tener siempre un pretexto para no liberar la Facultad.

Desde el inicio, el Dr. Díaz les trasmitió el compromiso de la comunidad de la Facultad y de su administración para gestionar, ante las instancias competentes, procedimientos expeditos que conduzcan al castigo de los culpables de cualquier tipo de agresión sexual. Es más, en varias ocasiones, fue a la Facultad personal de la Dirección de Responsabilidad Universitaria para recabar denuncias de quienes la tomaron, e iniciar los procesos correspondientes.

Los resultados no se hicieron esperar. Por lo pronto, cuatro individuos han sido sujetos de suspensión temporal de toda actividad académica, mientras se determina la pertinencia de sanciones definitivas.

Esto demuestra la firme decisión de la Facultad de erradicar ese cáncer social, por desgracia presente en muchos ámbitos, públicos y privados, de México, pero también que, como era de esperar, tales comportamientos son llevados a cabo por una exigua minoría de las más de 1,300 personas que componen la comunidad de la Facultad de Humanidades. Sin embargo, es evidente que, a quienes mantienen el control de las instalaciones de la Facultad, no son las agresiones sexuales lo que de verdad les interesa.

Una gota derramó el agua del vaso.

El 5 de junio del presente, se llevó a cabo un encuentro, transmitido en vivo por redes sociales, entre quienes han tomado la Facultad y las siguientes autoridades universitarias: Secretaria de Rectoría, Abogado General y el Director de la Facultad de Humanidades. En él se puso de manifiesto el tono agresivo y difamatorio de los primeros, que dista mucho del que se esperaría escuchar en un recinto universitario.

Pero hubo algo peor: se evidenció la cerrazón de sus posturas y, sin pudor alguno, presentaron demandas inviables sobre el modo de asentar las calificaciones del actual semestre.

Estas peticiones, amén de no tener relación con el pliego petitorio original, ignoran el trabajo y esfuerzo realizado por la gran mayoría de alumnos y docentes durante la cuarentena, a la vez que pretenden una actuación ilegal e inmoral por parte de los profesores.

Por tales razones, emitimos el siguiente comunicado.

Comunicado Los profesores de la Facultad de Humanidades que suscriben este documento, declaramos que nuestras calificaciones responderán al desempeño académico de los estudiantes, como lo establece la legislación universitaria, los recientes lineamientos que se han publicado frente a la actual contingencia sanitaria y los principios éticos que nos guían.

Si no lo hiciéramos así, nos comportaríamos de manera corrupta y, por ende, como malhechores. La sociedad financia las universidades públicas para formar profesionistas, generar conocimiento y difundirlo.

Una parte fundamental de todo proceso de aprendizaje es la evaluación, pues, a través de ella, el profesor atestigua ante la sociedad el resultado obtenido por cada estudiante en una unidad de aprendizaje (UA) concreta. Si el profesor no evalúa adecuadamente a un estudiante (obviamente, en este texto los términos de estudiante y alumno se refieren tanto a las mujeres como a los varones), incumple las obligaciones contraídas con la universidad, traiciona la confianza que la sociedad ha depositado en él y comete un fraude, pues estaría haciendo un uso inadecuado del dinero que la sociedad le paga para cumplir con sus obligaciones.

Algunos de los estudiantes que se han apropiado ilegítima y autoritariamente de la Facultad de Humanidades, así como las personas que los acompañan sin formar parte de esta, pretenden que evaluemos las UA de este semestre ya sea asentando las calificaciones que los alumnos obtuvieron el semestre pasado en otras UA, ya sea poniendo las mismas calificaciones a todos los estudiantes independientemente de su desempeño académico o, incluso, asignando la calificación de 10 a todos los alumnos en todas las UA.

Si cediéramos a tales exigencias, no solo estaríamos cometiendo un delito y un acto inmoral, sino que estaríamos validando un chantaje revestido de supuestas “negociaciones” y de un discurso victimista. Quienes eso reclaman muestran desprecio por la academia y la ética, aunque se presenten como jóvenes puros e idealistas. Tenemos la obligación de desenmascarar a quienes mienten de forma tan descarada.

Con ese tipo de propuestas pretenden ganarse el favor de otros alumnos para que apoyen su paro, pero ignoran que la mayoría de los discentes, a diferencia de ellos, saben distinguir entre lo correcto y lo incorrecto.

Los alumnos de la Facultad de Humanidades no pretenden convertir a sus profesores en delincuentes e inmorales para defender intereses particulares e injustos. Por nuestra parte, no estamos dispuestos a ser cómplices del mencionado ardid ni a ceder ante las intimidaciones de quienes desprecian la academia y la ética, aunque ello nos cueste ser objeto de sus insultos.

Si alguien quiere delinquir, es su responsabilidad y, cuanto menos, deberá asumirla ante su conciencia, pero nadie nos obligará a convertirnos en cómplices. Se equivocan quienes piensan que se puede negociar el cumplimiento de la ley y de los principios éticos. Se equivocan quienes afirman que lo único que importa es la competencia por el poder y el demostrar que pueden doblegar a las autoridades. Nosotros no entramos en esas competiciones, por lo que no admitimos extorsiones, chantajes ni imposiciones. Los principios académicos y éticos no se negocian.

Por lo anterior, no podemos menos que apoyar las seis recomendaciones emitidas por el Consejo de Gobierno, máxima autoridad de la Facultad de Humanidades, y su Consejo Académico, en su sesión conjunta del miércoles 3 de junio del presente, pues tal acuerdo conjuga los mencionados principios académicos y éticos con la flexibilidad aconsejada por la actual contingencia sanitaria. Reproducimos a continuación las recomendaciones mencionadas.

Flexibilizar y redefinir los contenidos esenciales y los criterios de evaluación (ordinaria, extraordinaria y a título de suficiencia) para cada UA.

. Los criterios de evaluación para la acreditación serán determinados por el profesor de común acuerdo con los alumnos inscritos en la UA, incluyendo la ponderación de las evidencias de las actividades académicas llevadas a cabo en línea (reportes, ensayos, cuestionarios, por ejemplo).

. Para evaluar a los alumnos que no tuvieron posibilidad de efectuar trabajo a distancia, también será conveniente flexibilizar y redefinir los contenidos mínimos y los criterios de evaluación de cada UA; ello tendrá que concretarse durante estos días, previos a la conclusión de las actividades del periodo.

. Los instrumentos y criterios de la evaluación (cuantitativos y cualitativos), en todo caso, serán definidos de modo claro, objetivo y transparente; se harán del conocimiento de las coordinaciones de docencia durante junio con el propósito de acelerar el flujo de información y de atender eficazmente las posibles solicitudes de revisión.

. Los temas no abordados o con necesidad de refuerzo podrán recuperarse en UA posteriores (no necesariamente seriadas), con base en acuerdos tomados en reuniones de área, o en cursos de nivelación disponibles por Licenciatura.

. Las UA Integrativa profesional y Práctica profesional, por única ocasión, serán evaluadas con base en el reporte parcial de las actividades desarrolladas en la institución receptora (no será condición entregar oficio de terminación o constancia de horas cubiertas.

Sin más que añadir, reiteramos nuestro compromiso con el lema universitario “Patria, Ciencia y Trabajo”.

Adalberto Téllez Gutiérrez, Adrián Isaac Rojas Pérez, Adriana Carolina Zarate Neri, América Luna Martínez, Ana Cecilia Montiel Ontiveros, Ana Laura Romero Soriano, Ana Lidia García Peña, Ana Silvia Guzmán Vera, Anastasio Sosa Ramos, Ángel Federico Adaya Leythe, Antonio de Jesús Enríquez Sánchez, Ariel Sánchez Espinoza, Arnulfo Rosas Del Barrio, Beatriz Adriana González Durán, Begonia Angelina Percastre Rivera, Belén Benhumea Bahena, Berenice Romano Hurtado, Betania Paniagua Reynoso, Blanca Angélica Garduño Rodríguez, Blanca Lilia Hernández Reyes, Carlos Alfonso Ledesma Ibarra, Carmen Álvarez Lobato, Dalia Inés Contreras Gonzaga, Davide Eugenio Daturi, Diana Birrichaga Gardida, Elvia Jacinta Estrada Lara, Enriqueta Lecuona Miranda, Evaristo Hernández Carmona, Evelin Cruz Polo, Francisco Julián Silva Yáñez, Francisco Lizcano Fernández, Gabriela González Miranda, Gabriela Medina González, Georgina Flores García, Gerardo González Reyes, Gloria Camacho Pichardo, Gloria Cruz Vázquez, Gloria Pedrero Nieto, Hilda Ángela Fernández Rojas, Hugo Alberto Leyva Marín, Hugo Maya Marín, Israel Honorio Ríos Hernández, J. Loreto Salvador Benítez, Jesús Humberto Florencia Zaldívar, Joanna Gomes Martins, Jorge Alfonso Arredondo Serrano, José Alberto Hinojosa Nava, José Francisco Millán Cotero, José Guadalupe Palacios Balbuena, José Manuel Yhmoff Soto, José Raúl Uribe Carbajal, Josué Manzano Arzate, Juan Carlos Embriz Gonzaga, Juan Carlos Torres Rodríguez, Juana Guadalupe Peña Mejía, Leopoldo René García Castro, Lourdes Ortiz Boza, Luis Antonio Torres Morales, Ma. del Carmen Chávez Cruz, Manuel Flores Palacios, Marcela Venebra Muñoz, María del Carmen Rivero Quinto, María del Rosario Pérez Bernal, María Elena Bribiesca Sumano, María Elena Encastin Xingú, María Guadalupe Peña Huerta, María Guadalupe Zarate Barrios, María Teresa López Domínguez, Mariana León Contreras, Maribel Quiroz Iniesta, Maribel Reyna Rubio, Maricela Dorantes Soria, Marina Romanova Shishparynko, Merizanda del Carmen Ramírez Aceves, Miguel Ángel Flores Gutiérrez, Miguel García Hernández, Nancy Flores Arriaga, Octavio Mora Téllez, Onoria Céspedes Argote, Pedro Canales Guerrero, Pedro José Hinojosa Gutiérrez, Raquel Jiménez Valadez, Raymundo Martínez García, Rogerio Ramírez Gil, Rosa María Camacho Quiroz, Rosa María Hernández Ramírez, Rosalía Hernández Pedrero, Silvana Elisa Cruz Domínguez, Sonja Stajnfeld, Susana Poleth Sánchez Ramírez, Teresa de Jesús Corral González, Verenice Carriles Jaimes, Yolanda Mejía Márquez.

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