Entre la ciudadanía y los accesos a un mundo justo

Dr. Aristeo Santos López.

El objetivo es la reflexión sobre un mundo justo, más armónico y en convivencia pacífica ciudadana. En el entendido de comprender lo que ocurre con el caos social ya existente y dialogar con los motivos que los producen: la no justicia. Es decir, la forma en que se ha impartido, ha dejado de fuera a segmentos de personas históricamente excluidas de la sociedad, los más vulnerables, los no iguales, los más diferentes y los diversos.

Asimismo un cuestionamiento a los que solo contemplan, los acomodados. Si bien existen diferencias en la desproporción de la justicia, figuran de manera cruda los que se dan cuenta y los que no perciben que algo pasa y que a muchos afecta: la impunidad. Es para ellos que hago un alto en esta reflexión, los escolarizados y educados, los que tienen una gran responsabilidad porque el transito cognitivo se supone les ha permitido abrir los ojos.

Bajo esta idea, aprender a ser ciudadano mismo siendo un fin de la educación, es algo que estaba alejado de los discursos formativos, y más allá de las prácticas y ejercicios de ciudadanía. La verdad en una cultura y sistema del silencio, la pedagogía del oprimido es lo que ha reinado. Los tiempos hoy son otros, abriendo los ojos para salir de la ceguera de Saramago, observamos que las secuelas de la opresión han sido tan severas que las discapacidades aún están visibles.

La arquitectura organizacional que domina la cultura, fue ensamblada bajo un modelo panóptico que ejercía el control, con el paso de los años, la escuela como un aparato del Estado ha contribuido de forma sofisticada hasta alcanzar lo que hoy vemos que propicia la paralización de los proceso de construcción ciudadana: la discapacidad motora y cognoscitiva para transitar por el mundo de la vida. La sociedad se fue acostumbrando a estar muda, y ciega a distorsionar los sucesos y explicar el mundo, bajo códigos de supervivencia. Condición natural en un darwinismo social que domina el mundo de la vida.

Estos mecanismos de control se han internalizado socialmente afectando a los propios académicos, frenando otros tipos de aprendizajes, que si bien han sido funcionales para el tipo de sociedad neoliberal que se ha requerido, su domesticación ha llegado a un momento en que ha paralizado su propio desarrollo. El pensamiento crítico reflexivo hoy es un desafío a cumplir.

El temor a no existir parece ser que es lo único que se ha consolidado. Los aprendizajes sociales alimentados desde la familia, la escuela y el contexto se han instalado. Los miedos se han aprendido, miedo a reflexionar, miedo analizar, miedo a ser feliz y miedo aspirar y acreditar en un mundo mejor todos ellos dentro de una unión social.

En estos momentos, la sociedad, como en el pasado, tiene la oportunidad de propiciar los cambios que conduzcan a una aproximación a otros modos de aprendizaje a un dialogo con la vida, con la naturaleza y con el propio hombre.

Descubrir al otro es la gran meta, sobre todo cuando prevalece un mundo individual, competitivo e indiferente.

 

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