Cuando el fin justifica la cerveza 

 

Por Oliver Beckhoff (dpa)

Bruselas (dpa) – El bloguero Adam Nowek afirma haber probado casi 3.200 variedades de cerveza en nada menos que 96 países, entre ellas algunas de Malawi, Uganda o Mongolia. Pero lo que vivió en una iglesia de Bruselas fue, incluso para alguien como él, una experiencia religiosa, escribe sobre la cerveza elaborada por el párroco Jérémie Schaub.

A sus 34 años, el padre Jérémie ha elaborado 50.000 botellas de la “cerveza apostólica” Ste Kat. Con semejante cantidad de cerveza podría llenar una piscina, pero por supuesto, el párroco de la iglesia de Santa Catalina, en el corazón de Bruselas, tiene otros planes: los beneficios de las ventas los destinará a renovar el templo, cuyas paredes se están desconchando.

“Quiero hacer algo por nuestro barrio. Quiero dinamizar la iglesia y entablar una relación con la gente”, explica el sacerdote, que con ayuda de la cerveza pretende llegar a quienes no se acercan a misa. No en vano, si en algo están de acuerdo valones, flamencos y la minoría germanoparlante es en que ésta es sin duda su bebida nacional. La tradición cervecera del país, con unas 1.500 variedades, fue reconocida el año pasado como Patrimonio Inmaterial de la Unesco.

Según Schaub, la Ste Kat recuerda a las cervezas de los antiguos monasterios trapenses, pero con un sabor moderno. Para elaborarla se sirvió de la ayuda de una pequeña cervecera de la capital belga especializada en las llamadas “craft beers”: cervezas artesanas con ediciones limitadas. El resultado fue una cerveza rubia con toques afrutados.

“Es un poco más seca que las cervezas monacales clásicas”, afirma Dimitri Van Roy, de la cervecera Brussels Beer Project. Desde comienzos de octubre, la Ste Kat se vende en la tienda de la iglesia, en la de la cervecera y en los bares y cafés cercanos al templo. Pero, ¿cuánta cerveza hará falta para que la iglesia vuelva a estar en boca de la gente de la ciudad y sus muros puedan ser restaurados? “No hay límites”, afirma Schaub entre risas. “Para renovar la iglesia necesitamos millones”.

Iniciativas como la de este sacerdote belga ha habido también en la vecina -y cervecera- Alemania. Así, la organización juvenil católica BDKJ ha puesto en marcha la operación “Encuentra al papa en el bar”, con la que pretende llenar los bares de postales con el retrato de Francisco. “La tradición cervecera y la Iglesia son dos conceptos unidos desde los tiempos de los monasterios”, afirma el presidente de la organización, Dirk Bingener.

No obstante, no sólo la tradición cervecera monacal no es lo único que relaciona estos dos mundos. En Bélgica, como en Alemania, existen sacerdotes que animan a los fieles a tomarse una cerveza tras la misa, como ocurría hasta hace poco en el barrio berlinés de Spandau. Y cuando en el pueblo belga de Brielen cerró el último bar, el cura decidió poner una barra en la Iglesia, que abría sólo los domingos. Desde entonces, los lugareños frecuentan más el templo.

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